“Bro, what does jukeao mean?”El hilo rojo del reggaetón entre la diáspora y la isla Mi historia


Esto se lo dedico a toda la diáspora Boricua que dejó su mente y corazón a las orillas del mar, al ritmo de un dembow:


Mi historia de brincar el charco esta bien brutal, bueno en mi humilde opinión, tu saeh! Soy un hijo de Borinquen perdido en uno de los 50 estados, también soy un hijo de la diáspora y por último soy uno de los hijos del género urbano. Un treintón que ha visto todas las modas del género urbano y un historiador aficionado. A mis trece años (por ahí para el 2001) dada a la situación económica de Puerto Rico, de la cual todes sabemos un poco ya, mis padres toman la difícil decisión de partir de Puerto Rico para Louisville, KY; quizás no sabes de antemano donde es o quizás hayas escuchado cosas no muy positivas. Te cuento un chin-chin: por todo lo malo que hayas escuchado quiero que sepas que es un lugar que me ha dado muchísimas oportunidades. Es la ciudad natal de uno de los íconos del deporte y derechos civiles, Muhammad Ali. Es el lugar donde Hector “El Mago” Blondet y Benito Santiago Jr. jugaron baloncesto en la universidad, donde John Velázquez es uno de los jinetes más codiciados para correr el Kentucky Derby dado sus varias victorias y otras cosas bien cool que si están pendientes se enterarán. Hemos tenido que hacer la comunidad aquí como hemos podido y celebrar lo que podemos, cuando podemos. Cuando mi familia se mudó, era el único boricua en mi escuela superior y crecí aquí a cantazos, pero cantazos distintos a los que uno enfrenta en PR. En PR nos vemos cara a cara con el clasismo, el colorismo y la inequidad económica, pero en KY por menos que sean vimos la segregación, el racismo y la discriminación. El reggaetón era para mí esta máquina espacial, como un portal, que me transportaba a la cancha de Villa de Río Canas en Ponce con mis amigos, así fuese entre lágrimas.

Al reggaetón le debo mucho, quizás le escriba la carta de amor que le debo en algún momento. Como muchos de nosotros, trataba de bajar música y quemar los CDs a escondidas de mis padres, tanto de pre-adolescente en PR, como de adolescente ya en KY. Me llevé muchos regaños. Recuerdo que una vez puse “Los Anormales” en la pantalla de la computadora familiar y volaron las chancletas, mi mamá pudo jugar en la MLB si le daba la gana. El reggaetón para mí en esos momentos era esa resistencia cultural que hacía inconscientemente. Siempre fui parcial a algunos artistas, pero en esos tiempos; tres discos, los cuales considero obras maestras, me ayudaron muchísimo: The Last Don, A la Reconquista y por último, el macaracachimba en mi humilde opinión, Barrio Fino. Barrio Fino para un boricua en KY fue no solamente resistencia cultural, FUE UNA ESPADA de defensa. Me atrevo a apostar que ustedes nunca han visto una F150 con un sticker de la bandera confederada, chillar goma en el parking de la escuela TOCANDO A TODO VOLUMEN GASOLINA, pues yo si y me voló la mente, uno de esos “glitch in the matrix”. Barrio Fino me salvó la vida.



Como podrán pensar, no vine a vivir a KY solo. En la vuelta estaba mi hermana menor y mi hermano más pequeño que en esos momentos tenía 4-5 años. Mi hermana era la “happy medium” tenía suficiente edad para ver y entender lo que estaba pasando. Compartíamos música (no le digan a mi madre) pero ella también desarrolló interés por el hip-hop, de hecho fue la que me presentó las canciones de Drake, yo siendo universitario ya. Pero mi hermano se crió en KY full toda su vida. Aunque mi familia muy consciente hizo lo posible porque él retuviera el español y nuestras características culturales, la realidad es que es bien difícil hacerlo ante un sistema que no está diseñado para la multi-culturalidad.

Todo esto hacía muy difícil para mí ser un hermano mayor, algo que tomo muy en serio, porque no conectaba con mi hermano. Él era más de hip-hop y yo más reggeaton, yo jugaba football americano y el soccer, yo medium y fuerte, él es slender y rápido (y para mi envidia más atlético). El hecho es que tan pronto tuve la oportunidad me fui para Puerto Rico a estudiar en la universidad, algo que tampoco ayudó a la situación. Él era muy niño, un pre-adolecente, viviendo en esta incertidumbre o dualidad cultural y no estuve ahí para ayudarlo a navegar esos momentos, c’est la vie manin. Pero sí había ciertas cosas sobre las cuales si conectábamos, los Power Rangers, Anime y el maestro Jcole. Jcole llego en un momento crucial en nuestras vidas donde ambos buscábamos encontrarnos de nuevo, tanto así que lo fuimos a ver en vivo solo él y yo. Para mi no era un sacrificio, pienso que Jcole es un artistazo, pero no tiene el sazón que llevamos nosotros, no tiene sandunga, era como comerte un steak con papas majadas, es bueno pero sabes que prefieres un mofongo FULL.

Mi hermano es militar y hace poco vino a visitarnos. No recuerdo exactamente hacia donde íbamos pero le cedo el Bluetooth del carro, así como si le estuviese pasando la antorcha, confiando en su gusto musical. Somos de esas familias que cantan esgalilla’os en el carro la canción que sea (especialmente durante roadtrips), so ser Dj es súper importante. Él lleva un par de añitos tratando de reconectar con sus raíces y practicando su español. De momento el man pone a (en voz de Bad Bunny) “BENITO ANTONIO MARTINEZ OCASIO” y su canción con Jhay Cortez, una oda dedicada a una barra en el casco urbano del área metro, DÁKITI. Le tiro esta mirada como el gif de Andy en Parks and Rec, “BROOOOOO, El conejo is legit” y de momento nos transportamos los dos en ese portal musical. Éramos los dos en la cancha de Villas de Río Canas vacilando y hablando de música. Intercambiamos información sobre el año que tuvo “el conejo”, que no eran 2 sino 3 discos, no sabía sobre “Las que no iban a salir” y le volé la mente. Pero pasó otra cosa que no me esperaba, sabía que no entendía toda la jerga ya que el español es su segundo idioma así que procedo a preguntarle: “¿entiendes todo lo que dicen?”. Él se queda pensativo por unos segundos y me dice “bro, what does jukeao mean?” y entre sonrisas le expliqué que viene de “hooked” y en ese momento, fui testigo de cómo su rostro se iluminó mientras la canción cobraba otro significado: El poder familiarizarse con ese sentimiento común de un amor de esos como dos lapas hormonales… Eso, para mí, fue la vida.


Esta experiencia con mi hermano, con mi hermana, con el reggaetón en la diáspora, me reafirma que tenemos una responsabilidad de asegurarnos de pasar este conocimiento de lo que nos hace boricuas, así con el spanglish y con nuestro flow único para que nuestras generaciones sigan atadas por ese hilo rojo que nos conecta llamado reggaetón.






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