Del Machete al Micrófono: Reggaetón y Resistencia
- Natalia Merced

- Dec 10, 2025
- 8 min read
Updated: Dec 11, 2025

En la primera parte de nuestra serie, repasamos la historia del jíbaro y su ascenso a símbolo nacional como un esfuerzo institucional implementado por Luis Muñoz Marín, el Estado Libre Asociado (ELA) y el Partido Popular Democrático (PPD). El jíbaro representó un momento específico de la historia puertorriqueña, caracterizado por la economía agraria, altos niveles de pobreza y resistencia campesina.
Con el establecimiento del ELA y el jíbaro como símbolo nacional, el gobierno de Luis Muñoz Marín comenzó una transformación socioeconómica bajo el proyecto Operación Manos a la Obra (OMLO). La meta del proyecto era simple: industrializar la economía e instalar una puertorriqueñidad basada en los valores capitalistas e individualistas.
A través de tres etapas abarcando 50 años, OMLO logró que la agricultura pasara a ocupar solo un 5.2% de la fuerza de trabajo. El mercado laboral se enfocó en la mano de obra barata con la industria de textiles, petroquímicos, farmacéuticos y alta tecnología. Los cambios económicos ocurrieron paralelamente a una transformación del estilo de vida y mentalidad puertorriqueña. Para el proyecto muñocista, era imperativo convertir a Puerto Rico en una democracia que se alineara con el sueño americano. Un elemento crucial en ese proyecto fue la creación de la Corporación de Renovación Urbana y Vivienda para Puerto Rico (CRUV) en 1953. La CRUV se encargó de construir proyectos de residencia urbana a bajo costo—conocidos popularmente como caseríos—para así eliminar los arrabales. Estos proyectos urbanos fueron parte de la modernización de Puerto Rico, uno cada vez más democrático y pacífico.
“Es de gran valor saber que cada casa que se traslada o queme es una familia más que se arrebata de las garras del arrabal para convertirlas en ciudadanos libres de paz y orden, dignos de gozar la verdadera vida democrática. Y no olvide que el arrabal es una pústula que amenaza todo nuestro cuerpo social” (Viguié, 1953, 11:57).
El reporte de 1949 de la Autoridad sobre Hogares de Puerto Rico presentó a los caseríos como “viviendas dignas para los desprivilegiados”. La promesa de los residenciales públicos era proveer renta asequible basada en los sueldos de los inquilinos y una vibrante vida comunitaria que los convertiría en “ciudadanos deseables”. Los caseríos vendrían equipados con escuelas públicas, estaciones de desayuno, parques para promover la recreación y los deportes, centros de tareas domésticas, servicios médicos, clínicas de salud femenina y más (Puerto Rico Housing Authority, 1949).
Así nacieron los caseríos. Se construía una nueva puertorriqueñidad, basada en valores de capital, individualismo, ley y orden.
Durante la última etapa de OMLO, la industria de manufactura ocupaba un lugar secundario frente al sector de servicios. Fue crucial ampliar los incentivos industriales para incluir industrias exportadoras de servicios, tales como las inversiones bancarias, las relaciones públicas y los seguros. Sin embargo, el gobierno aún necesitaba fortalecer la industria manufacturera.
El gobierno logró robustecer dicha industria con la implementación de la Sección 936 del Código de Rentas Internas en 1976. Esta sección hizo del archipiélago un territorio libre de impuestos para las empresas multinacionales. La persistente dependencia de la manufactura puertorriqueña de la inversión e insumos estadounidenses impidió su crecimiento autosostenido (Safa, 1998).
Más adelante, para el 1980, la administración pública se había convertido en la principal fuente de empleo en Puerto Rico. Las mujeres abrumadoramente acaparaban este sector de cuello blanco. No obstante, la creciente incorporación de las mujeres a la fuerza de trabajo no fue capaz de satisfacer las necesidades económicas de muchas personas de bajos recursos.
La recesión de esta década impactó profundamente la tasa de desempleo en el archipiélago. Para 1983, el desempleo alcanzó un máximo histórico del 23.4% mientras que el costo de vida continuaba en aumento (Departamento de Trabajo y Recursos Humanos, 2017). Todos estos factores continuaron impulsando la ola migratoria de familias puertorriqueñas a Estados Unidos. El resultado fue que un gran número de familias se hicieron paulatinamente dependientes de los subsidios federales para sobrevivir, tales como el seguro social y la asistencia alimentaria.
El proyecto muñocista que pintó los residenciales públicos como la postal del futuro fracasó. El estado abandonó el mantenimiento y los servicios sociales de los residenciales públicos mientras la tasa de desempleo seguía alta. Las condiciones de vida precarias llevaron a sus residentes a buscar nuevas vías para sobrevivir como la economía subterránea y el narcotráfico.
Con el paso del tiempo, las personas con mayor poder adquisitivo se mudaron a los suburbios alejados de los centros urbanos. El proyecto de los residenciales públicos terminó reproduciendo un tipo de segregación racial, puesto que las personas negras mayormente vivían en estos espacios. Los caseríos proveen imágenes de espacios de Negritud, mientras los suburbios aledaños eran considerados más blancos y más seguros (Rivera-Rideau, 2015). Mientras, el gobierno continuó con el jíbaro como símbolo nacional. El jíbaro ahora representaba una clase educada, trabajadora y mayoritariamente blanca.
Al mismo tiempo, los nuyoricans presenciaron el nacimiento del hip-hop y convivían con inmigrantes de Jamaica y Panamá en los vecindarios de Nueva York. Fueron ellos quienes trajeron al archipiélago esta música nueva, junto con sus maneras de vestir, hablar y bailar. Sus primos en los residenciales tomaron esta nueva moda rica en cultura afrocaribeña y la hicieron suya, creando el underground, precursor del reggaetón.
Es en este contexto en el que aparece el underground a principios de 1990. El underground ofreció dos elementos cruciales: una herramienta de expresión y una vía para josear. Los raperos del underground hablaban de sus vidas sin pelos en la lengua. Tocaban temas de drogas, sexo y jangueo, pero también de pobreza, violencia, criminalidad y violencia policiaca. A los más jóvenes les daba una plataforma para hablar sobre sus experiencias, expresarse artísticamente, crear lazos entre sí y otras comunidades afrodiaspóricas. Con sus letras irreverentes y jerga coloquial, ponían en primera plana la realidad de un gran sector de la población puertorriqueña. Una realidad que retaba la imagen de un Puerto Rico de progreso, ley y orden que promovía el gobierno.
En el legado del proyecto cultural muñocista, la Negritud fue relegada al pasado, a lo folclórico. En el Estado Libre Asociado, el protagonista era el jíbaro, el mestizaje y la cercanía a lo blanco como marcador de progreso.
El reggaetón decía lo contrario. El reggaetón proponía una Negritud contemporánea, una que se situaba en el Caribe y tenía vínculos con comunidades afrodiaspóricas en Jamaica, Panamá, República Dominicana y Nueva York. Es decir, el reggaetón no solo era un nuevo género musical, era un movimiento generacional. Para una población racializada, empobrecida y marginada, el reggaetón ofreció nuevas maneras de autodefinirse (Rivera-Rideau, 2015).
El reggaetón apostaba por la percusión, la conexión con el cuerpo, el movimiento de caderas, el orgullo de los barrios, el bling bling y más. El reggaetón produjo nuevas representaciones de lo puertorrique, que no solo era un símbolo, sino que vivía en cada esquina del archipiélago: el caco y la yal.
![Arroyo, J. (2004). Sabotaje [Video Shoot]. Archivo Digital. Hasta ‘Bajo Project, Puerto Rico.](https://static.wixstatic.com/media/15b00c_85e790a48802470492bf88d9265db53b~mv2.png/v1/fill/w_777,h_573,al_c,q_90,enc_avif,quality_auto/15b00c_85e790a48802470492bf88d9265db53b~mv2.png)
El caco y la yal eran atrevidos y utilizaban este nuevo lenguaje para apalabrar sus vivencias, unas caracterizadas por precariedad, violencia, narcotráfico, pero también goce corporal, autogestión y clandestinaje.
Durante este tiempo, la tasa de asesinatos alcanzó un máximo histórico. En 1992, Pedro Rosselló ganó las elecciones para gobernador de Puerto Rico con una campaña enfocada en la guerra contra el crimen. Rápidamente implementó Mano Dura Contra el Crimen, una política pública basada en la “cero tolerancia” de la criminalidad.
Mano Dura Contra el Crimen favoreció medidas que aumentaban las sentencias del código penal, redujo las iniciativas enfocadas en la rehabilitación de los ofensores criminales y permitió políticas de tácticas intervencionistas. Hizo de todo menos subsanar la desigualdad socioeconómica que sostenía y aún sostiene la actividad criminal en el país.
Mano Dura Contra el Crimen se enfocó principalmente en atacar el narcotráfico e implementar una propaganda antidrogas. El reggaetón se catalogó como parafernalia del narcotráfico y se criminalizó. En 1995 hicieron redadas en tiendas de música para sacar al reggaetón de los anaqueles y revisaron las pertenencias de jóvenes de escuelas públicas buscando casetes de reggaetón (Rivera, 1996). Pero mientras había “mano dura” en los caseríos, hubo “mano blanda” y ojos ciegos con los más de 40 funcionarios de gobierno que acusaron de corrupción durante los dos cuatrienios del gobernador Pedro Roselló.
La criminalización del reggaetón significó una criminalización de los cacos y las yales, personas que disfrutaban de esta música y que mayoritariamente vivían en los residenciales públicos. Esta población se encontró relegada a las periferias de la sociedad y viviendo bajo el nivel de pobreza.
La violencia contra estas poblaciones se profundizó cuando la policía y Guardia Nacional comenzaron a ocupar los residenciales en el 1993 y continuaron su estrategia de ocupación hasta el 1999. La combinación de los reportes sensacionalistas con la documentación de las redadas creó una conexión entre la Negritud, las comunidades empobrecidas y la criminalidad en el imaginario popular (Rivera-Rideau, 2015). El caco y la yal quedaron señalados como delincuentes y amenazas al Puerto Rico de ley y orden.
Por los próximos años, el gobierno de Puerto Rico y sectores conservadores del país atacaron incesantemente al reggaetón, a las personas que lo producían y a quienes consumían. Una de las voces más enfáticas en contra del género fue la exsenadora Velda González. En mayo de 2002 lanzó la Campaña Anti-Pornografía, que buscaba eliminar contenido pornográfico de todos los medios, pero específicamente atacaba el reggaetón.
La senadora González consideraba el reggaetón música “vulgar” con videos “pornográficos” que amenazaba con destruir los valores de la sociedad puertorriqueña y corromper la juventud de clase media (Rivera-Rideau, 2015). Para ese entonces, el reggaetón ya había pasado el umbral de los caseríos y sonaba en las bocinas de la juventud de clase media. Por lo tanto, la intención no era detener su distribución, sino alejarlo de sus orígenes.
La meta de González y sus colegas fue “limpiar” las letras de las canciones de reggaetón y abogar por una representación más “adecuada” de las mujeres en sus videos musicales. En sí, la campaña buscaba alinear el reggaetón—un género intrínsecamente ligado a la afrocaribeñidad y el clandestinaje— con los ideales que promovía el gobierno de Puerto Rico: ley, orden y blanquitud.
¿Cómo los esfuerzos del Estado y el sector conservador impactaron el crecimiento global del reggaetón? ¿De qué manera el caco y la yal continuaron evolucionando en el imaginario popular a la par con la evolución del reggaetón?
Lee la tercera parte para terminar esta historia.
Archivo Medios Audiovisuales, UPR-RP. (2022, Marzo 7). Puerto Rico Elimina el Arrabal. [Video, 1953, Laboratorio Viguié]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=N932p1fqZT8
Arroyo, J. (2004). Sabotaje [Video Shoot]. Archivo Digital. Hasta ‘Bajo Project, Puerto Rico.
Autoridad sobre Hogares en Puerto Rico. (1955, Abril). Construirán 5,000 Viviendas Públicas en Puerto Rico. El Caserío, p.1. https://issuu.com/coleccionpuertorriquena/docs/elcaserio-abr1954
Chase, S. (1951). “Operation Boostrap” in Puerto Rico: Report of Progress (75). National Planning Association.https://issuu.com/coleccionpuertorriquena/docs/operation_bootstrap_in_puerto_rico_1951_
Departamento de Trabajo y Recursos Humanos. (2017). Serie Histórica Estadísticas de Desempleo por Municipios. Gobierno de Puerto Rico. https://estadisticas.pr/files/Inventario/publicaciones/DTRH_SerieHistoricaEstadisticasDeDesempleoporMunicipioNatural_%201983_2016.pdf
Puerto Rico Housing Authority. (1949). Decent Homes for Low Income Families. Gobierno de Puerto Rico. Sacado de La Colección Puertorriqueña. https://issuu.com/coleccionpuertorriquena/docs/report_pr_housing_authority1949_a64aea3870dd96
Rivera, R. Z. (1994, Marzo/Abril). El rap sí es cultura, “papá”. Pulso Estudiantil, p. 8. https://drive.google.com/file/d/1Sl59qWRwdnPsfR6KgEkWhI5VQUn8C_Im/view
Rivera, R. Z. (1994, Agosto 19-25). Espanglish Rhymes: Representin’ our cultura. Claridad, p. 20. https://drive.google.com/file/d/14B1sFt9cqDBKi0CbWlikuWLfnET_6EXZ/view?usp=sharing
Rivera, R. Z. (1996, Mayo/Junio). Policing Morality: Underground Rap in Puerto Rico. Against the Current, p. 49-51. https://drive.google.com/file/d/18f1ip-fZnfpKkaFcvO8NZfn5UtSfOXiP/view
Rivera-Rideau, P. R. (2015). Remixing Reggaetón: The Cultural Politics of Race in Puerto Rico. Duke University Press. Durham and London.
Safa, H. (1998). De mantenidas a proveedoras: Mujeres e industrialización en el Caribe. La Editorial, UPR.
Esta publicación forma parte de un esfuerzo colectivo entre Hasta ‘Bajo Project y Memoria Decolonial. Los blogs que componen esta serie son el resultado del proceso creativo desarrollado para la producción de los reels de La Residencia DTmF (2025), y recogen tanto la investigación como el trabajo audiovisual realizado por ambas organizaciones. Agradecemos profundamente al equipo colaborador por su aportación en cada etapa del proyecto.
Créditos de colaboración de la equipa de Hasta ‘Bajo Project:
Natalia Merced Rosado (@nataliamerced) – Investigadora, Escritora y Comunicadora
Loraine Rosado (@yotratodehacerarte) – Investigadora
Gabriela Sepúlveda Maíz (@_gabrielasepmaiz) – Investigadora
Samantha Pérez Vélez (@pv_nicole) – Edición
Créditos de colaboración del equipx de Memoria Decolonial:
Víctor González Sosa (@_victormgonz) – Investigador y Escritor
Leilani Rodríguez (@leidinamita) – Asistencia de Producción, Audio, Edición y Diseño Gráfico
Nahmyr Zayas Rivas (@nahmyr) - Guión y Cámara














Comments